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Durante casi sesenta años, desde al menos 1952, el PPD pregonó por cielo y tierra que el problema de estatus de Puerto Rico se había resuelto con la aprobación de la Ley 600 y el nacimiento del Estado Libre Asociado. Tan recientemente como el 2006, el propio Acevedo Vila lo dijo pública y enfáticamente. Sólo había que culminarlo, hacerle algunos ajustecitos autonómicos. A finales de mayo del 2008, sin embargo, el gobernador finalmente salió del "closet" y ahora nos dice que el PPD defenderá un ELA autónomo y sin unión permanente. Esto es un viraje ideológico de 180 grados. Pero antes de contemplar lo que esto implica para el futuro de Puerto Rico veamos un poco del pasado. Un examen de la historia nos obliga a reconocer que bajo el ELA el poder político final siempre ha estado en Casa Blanca, no en Fortaleza. Veamos. Durante el debate congresional que dio origen al ELA se dijo de manera clara que la ley bajo consideración no cambiaría fundamentalmente las relaciones políticas, económicas o sociales entre Puerto Rico y los Estados Unidos . (“This bill under consideration would not change Puerto Rico’s fundamental political, social and economic relationships with the United States.” HR 2275, Congreso 81, 2da Sesión, 1951) Cabe entonces preguntar, si el ELA no cambió fundamentalmente la relación política, social ni económica de la isla, entonces ¿qué rayos cambió? Pues nada. Desde 1898 hasta 1951 éramos una colonia estadounidense y desde 1952 hasta el sol de hoy somos lo mismo, una colonia. Ahora vayamos a un pasado un poco más reciente, diez años atrás, al último debate serio del estatus de Puerto Rico en el Congreso estadounidense. Uno de los legados más importantes del debate del Proyecto Young en 1998 fue precisamente el reconocimiento público de altos líderes del propio PPD y del gobierno federal que el ELA era todavía un estatus francamente colonial. El presidente de la organización autonomista Pro-ELA, Luis Vega Ramos, sí el mismo que hoy día no le pierde ni pié ni pisá al gobernador, le dio la espalda al ELA tradicional y trató de defender la Libre Asociación como una opción descolonizadora digna. Allá para septiembre 3 de 1998 él, junto a Jorge Colberg Toro, otro importante líder autonomista, se dieron a la tarea de respaldar esa opción en el plebiscito del '98, recogiendo unas 2,269 firmas para defender esa fórmula. Otro importante líder popular que reconoció al ELA como colonial lo fué Marcos A. Rigau, cuando en una columna en El Nuevo Día, del martes 29 de septiembre de 1998, dijo que el esposo de Hillary Clinton era el Presidente que nos gobierna unilateralmente. Sin embargo, el más devastador ataque en contra del ELA, vino de la persona menos esperada, nada menos que de uno de los autores de la propia Constitución del ELA y ex-juez presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico, don José Trías Monje. En su libro, Puerto Rico: The Trials of the Oldest Colony in the World, Trías Monje dijo, “No hay razón alguna para continuar apoyando el estatus quo, Puerto Rico debe dejar de ser considerado por tantos como una colonia de los Estados Unidos, un mero territorio no incorporado o posesión sujeta a los poderes plenarios del Congreso.” Como si los testimonios de un ex-juez presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico, el presidente de Pro-ELA y otros altos funcionarios del propio PPD no fueran suficientes, le podemos añadir aún otros. Un estudio preparado por la oficina de Contabilidad del Congreso de los Estados Unidos, GAO (General Accounting Office), del 7 de noviembre de 1997 dijo y citamos, “Constitucionalmente Puerto Rico sigue siendo un territorio, no una soberanía separada.” “U.S. Insular Areas: Application of the U.S. Constitution” Además, en una resolución bi-partita aprobada unánimemente por el Congreso de los Estados Unidos el 14 de diciembre de 1998, “El Sentir del Congreso”, se dijo, “Puerto Rico esta bajo la soberanía estadounidense, sujeto a las provisiones de la Constitución de los Estados Unidos y otras leyes federales aplicables a Puerto Rico.” Cuando el Senado federal hizo su informe sobre el plebiscito de 1998, The Results of the 1998 Puerto Rico Plebiscite Report, éste comentó lo siguiente, “El PPD adoptó y promovió una definición alterna del ELA que no aparecía en la papeleta y que contenía principios que fueron rechazados por ambos partidos durante las consideraciones del H.R. 856 por el Comite de Recursos.” El informe concluye diciendo que el Congreso retiene autoridad plenaria para determinar la disposición final del estatus de Puerto Rico bajo el artículo IV, sección 3 de la Constitución de los Estados Unidos. Además, el más alto tribunal de la nación, el Tribunal Supremo Federal dictaminó en 1980, en el caso de Harris v. Rosario, (446 U.S. 651), que Puerto Rico es un territorio perteneciente a los Estados Unidos y que el Congreso puede discriminar en contra de la isla siempre y cuando haya una base racional para la acción. Este fallo jamás ha sido enmendado o modificado de manera alguna por el más alto foro nacional. Para añadir aún más sal a la herida colonial, podemos citar al Sr. Jeffrey Farrow, quien hablando a nombre del Presidente Bill Clinton ante el Senado federal el 15 de julio de 1998 dijo, “EL ELA es un territorio sin soberanía propia, sometido a los poderes amplios del Congreso…Con el ELA los puertorriqueños carecen de representación electoral en el gobierno que emite las leyes nacionales que les afectan.”
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Con esta última cita completamos el círculo. Tenemos la opinión del Congreso de los Estados Unidos, del Presidente mismo, el Tribunal Supremo y un estudio constitucional del propio Congreso. En su más de medio milenio de historia Puerto Rico jamás ha dejado de ser una colonia. Esto por sí sólo debe ser motivo de profunda vergüenza para todos los que aman esta tierra, particularmente por los que insisten en defender una opción de estatus evidentemente colonial. Una de las consecuencias de esta mentira es que ha llevado a muchos boricuas a pensar que las autoridades federales no pueden cambiar de manera unilateral la relación presente de la isla con el gobierno federal. Veamos por un momento una cita de don Luis Muñoz Marín, el padre del ELA. Dijo don Luis ante el Congreso de los Estados Unidos, al principio de la década de los '50, “Usted sabe, por supuesto, que si los puertorriqueños nos volviéramos locos, el Congreso siempre podría volver y legislar de nuevo.” Esta confesión de don Luis en medio del debate congresional, que en un par de años resultaría en la aprobación de la Constitución del ELA, es medular a la hora de evaluar hasta donde llega el poder federal sobre los boricuas. Como muy bien lo reconoció el padre mismo del Estado Libre Asociado, no hay absolutamente nada que impida que, dadas las circunstancias apropiadas, el Congreso pueda disponer unilateralmente de su colonia caribeña. El Estado Libre Asociado fue producto de una ley federal, la Ley 600, y otra ley futura la podría cambiar. Todas las leyes son enmendables y hasta derogables por legislación futura. Esto tiene implicaciones serias para el pueblo. Los Estados Unidos no pueden imponer la estadidad sobre la isla pero si pueden imponernos la independencia. Esto es así por la misma razón que una persona no puede obligar a su pareja a casarse con él o ella pero sí puede separarse si así lo cree conveniente. Unilateralmente no se puede forzar la unión pero sí se puede optar por la separación. Si en verdad Acevedo Vilá insiste en que un ELA autónomo incluye la libertad de Puerto Rico de separarse de los EUA, entonces los Estados Unidos tendrán exactamente el mismo derecho. No se puede hablar de soberanía puertorriqueña sin que estemos hablando simultáneamente de soberanía estadounidense. Busque cualquier diccionario y verá que autonomía es sencillamente un sinónimo de independencia. Es sólo en Puerto Rico que el significado de esa palabra ha sido pervertido para que los incautos piensen que significa algo como un punto medio entre estadidad e independencia. Los reclamos de autonomía de Acevedo Vilá constituyen entonces, un juego de ruleta rusa en el que se está poniendo en peligro la relación de la isla con los EUA. Un voto por Anibal Acevedo Vilá será un voto por la separación de la isla de los Estados Unidos de América. Si creemos en la independencia para Puerto Rico, pues entonces santo y bueno. Sin embargo, si cree en la unión permanente con los Estados Unidos entonces, son otros veinte pesos. Lo que Acevedo Vilá nos está vendiendo es la independencia ‘light’ de la Republica Asociada. Que tomen nota los populares que aún crean en la unión permanente con los EUA. ¿Representa este nuevo PPD sus aspiraciones y metas políticas? Ahora bien, note que ni una sola de las personas citadas aquí es ni miembro del Partido Nuevo Progresista ni del Partido Independentista Puertorriqueño. Note, además, el rango político de los que han sido citados, desde el Presidente demócrata Bill Clinton hasta el Congreso republicano, hasta un ex-juez presidente del Tribunal Supremo de la isla. No hay duda, Puerto Rico aún es tanto territorial como colonial. En mayo del 2008, Anibal Acevedo Vilá finalmente descubrió el Orinoco. Que mucho tiempo le tomó al pobrecito ver lo que para tantos ha sido tan obvio durante décadas. Ahora bien, ¿es el ELA culminable? ¿Son realizables los reclamos soberanistas de Acevedo Vilá, Vega Ramos y Miranda Marín? Eso lo exploraremos en la próxima columna.
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