|
|
|
| Portada | Columnistas | Directorio | Agencias | Opinión | Contacto | Canales: Orlando, Nueva Jersey, Nueva York |
Hace ya más de cincuenta años el líder nacionalista Pedro Albizu Campos definió y abrazó una definición de lo que era un ‘verdadero’ puertorriqueño que merece ser reevaluada hoy. Decía Albizu Campos que éramos Yankees o éramos puertorriqueños. No había puntos medios. De hecho, la dualidad ideológica de Albizu Campos iba más lejos. En un discurso ofrecido en la plaza publica del pueblo de Yauco él dijo que los únicos que merecían llamarse puertorriqueños eran los independentistas que estuvieran dispuestos a luchar y morir por la independencia de la isla. Se adoptamos esa última definición de puertorriqueñidad se nos llena el proverbial cuarto de agua ya que los independentistas son hoy por hoy una minoría numérica que no gana unas elecciones ni corriendo solos. Es decir la enorme mayoría de los puertorriqueños que no creemos en la independencia como opción de estatus no damos el grado según Albizu Campos. Antes de continuar sin embargo hay que definir algunos términos para evitar confusión. Cuando usamos ‘americano’ aquí lo hacemos como sinónimo de estadounidense. A menudo se oye el ya trillado sonsonete de que americanos somos todos los que vivimos desde la parte mas norteña de Canadá o Alaska hasta la puntita más sureña de la Patagonia argentina. Esa es solo una posible definición de esta palabra. Según paciente es tanto el que sabe esperar como el que se atiende con un médico la palabra ‘americano’ tiene varios significados distintos entre los que se encuentra el ser ciudadano de los Estados Unidos de America. Es de uso común el distinguir al americano del mexicano o el canadiense o peruano. Clarificado eso podemos continuar. ¿Es el ser boricua excluyente de ser americano? Todo depende del contexto del que se este hablando. Hasta mediados del siglo XX, específicamente hasta principios de la década de los 60, la definición dominante de americano era la del WASP, White Anglosaxon Protestant, el blanco, anglosajón y protestante. Esta, claro está, era una definición racista y religiosamente discriminatoria. Era racista porque excluía a las poblaciones indígenas, a los negros, los judíos y los hispanos. Era religiosamente discriminatoria porque excluía a los católicos, los judíos y otras minorías religiosas que al igual que los distintos grupos raciales mencionados anteriormente estuvieron presentes en los Estados Unidos desde la fundación misma de la republica en 1776. Si usamos esta definición racista como nuestra definición de americano pues claro que los puertorriqueños no somos americanos. Curiosamente tampoco lo es el nuevo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. Tampoco lo son decenas de millones de ciudadanos que son de origen étnico racial distintos a los WASPs descritos arriba. Afortunadamente las cosas cambian y la America de hoy no es la que conoció y sufrió don Pedro Albizu Campos. La realidad es que hoy no es para nada necesario que renunciemos a nuestra puertorriquenidad para reconocer nuestra condición como americanos. Ya no hay que ser John Smith para ser americano. Se puede ser Juan González y ser americano. Nuestro pelo no se va a poner rubio o nuestros ojos azules porque nos reconozcamos como estadounidenses. De hecho el Departamento del Censo informó en el 2007 que los apellidos García y Rodríguez estaban entre los diez más comunes en los Estados Unidos. Con más de 44 millones de hispanos en la nación la latinización de America no es algo del futuro sino del presente. Aparte de esta realidad demográfica somos americanos por virtud de la ciudadanía americana que los boricuas disfrutamos desde 1917. De hecho a los incautos que de la boca pa fuera la menosprecian con pasaportes de juguete se les puede recordar que cerca de 12 millones de indocumentados viven en los Estados Unidos intentando conseguir lo que ellos dicen que no quieren. También es bueno recordarles que aun en medio de esta terrible crisis financiera el flujo de balseros e ilegales continua moviéndose de Cuba, Republica Dominicana y otros países hacia los Estados Unidos. En fin las cosas han cambiado drásticamente durante las pasadas cinco décadas. Una definición inclusiva y abarcadora de americano es la que responde a la realidad presente. La definición WASP del pasado sencillamente no responde a nuestro momento histórico. Hoy la realidad es que en el caso de los puertorriqueños más de la mitad de los que nos hacemos llamar boricuas vivimos en el continente no en la isla. Claro que no todos somos iguales. Hay boricuas urbanos y boricuas de campo. Hay boricuas floridianos, neoyorquinos y hasta kentuckianos. Un escritor boricua residente en ese estado, el Dr. se describió a si mismo hace poco como un Kentucky-rican. Las raíces americanas de Puerto Rico ya tienen cerca de 100 años de antigüedad y han rendido fruto. Muchos boricuas insulares desconocen, por ejemplo, que hay toda una literatura vibrante y rica nacida en el continente y en inglés que es una literatura puertorriqueña. Para mencionar solo unos pocos ejemplos podemos hablar de Jesús Colon, autor de un maravilloso libro titulado A Puerto Rican in New York. Este libro es una colección de ensayos que recogen las vivencias de Colon a principios del siglo XX. De hecho no se puede saber mucho de la comunidad boricua de Nueva York de 1918 hasta los 40 sin leer a Colon. Recomendamos el libro Puerto Rican Writers at Home in the USA para un vistazo breve de la obra de nuestros hermanos y hermanas continentales. En novelas tenemos a Piri Thomas con su clásico Down aThese Mean Streets. En poesía urbana tenemos a Pedro Pietri con su Puerto Rican Obtuary. Otro astro en este campo lo es Tato Laviera. En cuentos cortos contamos con Ed Vega y en Esmeralda Santiago tenemos a otra novelista de grandes ligas. Todos escribieron en ingles y todos se consideran a si mismos puertorriqueños sin por eso dejar de ser también americanos. Lamentablemente algunos ‘intelectuales locales han optado por ignorar o minimizar esta enorme literatura angloparlante. En algunos casos si el escritor es independentista entonces los promueven localmente para promover su agenda separatista. Por ejemplo, cuando Pedro Pietri retrata la pobreza urbana de muchos boricuas del Nueva York de los 70 se acentúa la visión negativa como instrumento de demonización de America. Si el autor presenta una visión mas positiva del American Dream pues entonces hay que desacreditarlo. Este fue el caso de Rosario Ferré, la hija de don Luis A. Ferré. Mientra era independentista pues era la ‘darling’ de los intelectuales locales. Cuando se hizo estadista se convirtió en una leprosa literaria en los ojos de muchos. What a shame…
|
En el 2009 vimos otros dos americanos boricuas saltar a las páginas de la historia internacional. Al principio del año vimos a Joseph Acabá convertirse no solo en el primer astronauta puertorriqueño sino en el primero hispano en hacer una peligrosa caminata espacial de varias horas para hacer importantes reparaciones a la estación espacial. Llevaba la bandera estadounidense en el hombro y una bandera boricua en su bolsillo y corazón. Luego en mayo tuvimos del honor de ver a Sonia Sotomayor, una boricua de Nueva York, hacer historia en convertirse en la primera latina nominada al Tribunal Supremo de los Estados Unidos. La hija de una enfermera y un obrero de fábrica. Claro, habrá algunos fascistas culturales que digan que estos no son ‘verdaderos’ puertorriqueños, que más bien son estadounidenses de ascendencia puertorriqueña. Que irónico que estos boricuas del continente sean victimas de discriminación de parte de otros boricuas. Estas distinciones excluyentes ignoran la realidad histórica de que gente como Acabá y Sotomayor son con el paso de cada década mas y más representativos del boricua típico tanto en la isla como en el continente. Con un doble flujo migratorio de decenas de miles de personas al año la mezcla idiomática y cultural se hace cada vez más fuerte. Ante estas realidades algunos boricuas insulares adoptan una postura francamente irracional y de confrontación. Se autoproclaman los verdaderos defensores de la verdadera puertorriqueñidad y al igual que Albizu fabrican un mundo de mezquino dualismo en el que todos los que no encajen con su excluyente definición de puertorriqueñidad pues no son en verdad boricuas. Irónicamente muchos de estos ‘patriotas’ locales se convierte en versiones puertorriqueñas de los fascistas WASPS de allá como Rush Limbaugh y Newt Gingrich o Ann Coulter, tres republicanos recalcitrantemente racistas que no toleran la idea de una mujer hispana pueda ser jueza de nuestro Tribunal Supremo federal. Una razón que algunos dan para no reconocerse como americanos es lo del idioma. Se levanta el español como un obstáculo para la americanización de la isla. De nuevo esto es un parapeto que se levanta de espaldas a la realidad social y política existente. Ignoran que en muchísimos ciudades del continente las principales estaciones de radio y televisión son de habla hispana. En lugares como Texas, Florida y California agencias federales y estatales funcionan tanto en ingles como en español. El que hablen español no es base para negar su identidad ciudadana como americanos. No es nada de extraño ver carteles, bill boards en español por los vecindarios hispanos del estado. Esto, por supuesto no significa que debamos trivializar la urgente importancia de aprender ingles. No es accidente que en Puerto Rico todos los que tienen los recursos y muchos que no los tienen envían a sus hijos a escuelas privadas en la que casi todos los cursos se dictan en ingles. Claro, cuando un abogado independentista hace esto no hay nada de malo. Pero cuando un gobierno estadista intenta hacer los mismo por los hijos de la clase trabajadora y media entonces se convierte en un acto de traición cultural. Nos quieren asimilar y desean destruir nuestra cultura. ¿Qué hipócritas verdad? Primero, hay que resaltar que aun un Puerto Rico independiente tendrá que ser por necesidad una nación bilingüe. No es accidente que países como Singapur, Chile, Japón den énfasis intenso a la enseñanza del ingles en todo sus sistemas educativos. Ellos ni siquiera son ciudadanos de los Estados Unidos pero entienden la importancia del idioma como el lenguaje de la ciencia, la tecnología, la comunicación internacional y hasta la cultura popular internacional. En fin los boricuas somos americanos por virtud de nuestra ciudadanía, nuestros lazos poblacionales con el resto de la nación y más de un siglo de lenta pero segura integración a los demás estados de la unión. Más de la mitad de los nuestros ya viven, trabajan y progresan en los llamados ‘lower forty eight’. Muchos de estos hermanas y hermanas boricuas sueñan y viven en ingles y no por eso son menos Puerto Ricans. Esta es la realidad que con el paso de cada década nos consolida más y más con los Estados Unidos de America. And that’s a good thing. Así que no tengamos miedo de reconocernos como lo que somos, puertorriqueños y americanos.
Nos gustaría conocer su opinión sobre el
artículo
anterior. Para contactarnos
»pulse aquí». Favor tomar nota que, por razones de seguridad, no se
aceptarán los mensajes con anejos (attachments).
Para leer más artículos de Robert Guzmán y de
otros columnistas
»pulse aquí«
Para leer las opiniones de nuestros visitantes
»pulse aquí«
Note: PuertoRican.com does
not necessarily endorse the views of any individual columnist, or those
views that are expressed in any particular column.
|
Véase nuestros Términos de Servicio y Política de Privacidad
¿Preguntas o comentarios?
Pulse aquí |